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Los Pikisikis de Abancay

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Topic: 500 Millas
500 Millas

Por: Christian A. Zegarra

Hace un poco más de cuatro años empecé a modificar un estilo de vida que desde mi adolescencia me ha subyugado a apelativos sin decoro, a agravios con mucha chacota, y a chapas insultantes. Para un recién nacido, los cachetitos inflados o los rollitos voluptuosos pasan piola y son considerados estéticamente aceptable y engañosamente saludable. Pero para un chico de 15 años esas semejanzas físicas no son tan agraciadas ni infinitamente deseables por el sin numero de amores platónicos que se han ostentado. Para mí y para millones de “gorditos,” los causales de nuestros malos hábitos alimenticios y escasos momentos activos, nos han dejado marcado con cicatrices de una autoestima exigua, un hermetismo proscrito, y una sensibilidad por nuestra apariencia latente.

Hace cuatro años rompí las cadenas de una esclavitud atadas a unos kilitos de más que me sucumbían a un “yo” que no era el que yo quería ser. Con una alzada voz de emancipación decrete un cambio personal que ha perdurado hasta ahora. El proceso inicial comenzó el 2001 cuando todavía estudiaba en mi alma mater, Cornell University, y trataba de afincar mi estado emocional con mi aspecto personal. Di el primer paso y hasta el segundo, pero la bendita clase de psicología que tome ese año fue el nexo con la primera migraña (romance) crónica que he padecido. Aunque mi emancipación no duro mucho, di el más importante de los pasos, el primero.

Tres años después, en una aventura académica sureal, contemple decidido a dar el último voto de confianza al jovencito bonachón que era. Mi estadía en Boston deslumbro un deseo innato de superación intelectual y personal. El Boston Sports Club (BSC) ubicado en el céntrico “Central Square,” acogió mi deseo de convertirme en el “yo” añorado. Tres a cuatro veces por semana, a partir de las 8 P.M., la rutina de actividad física en ese gimnasio elevo en un tono favorable la gallardía superficial que poseía. En tres meses, y con una dedicación admirable, llegue a desbaratar alguno de los kilitos que decorosamente posaban en mi circunferencia abdominal. La prueba de fuego y para desistir de una imaginada perdida de peso, ocurrió en una corta visita a mi madre que reside en New York en el mes de noviembre del 2004. Como toda mamá, al verme, se sorprendió de lo que ya no era y desató una preocupación maternal sobre mi estado alimenticio.

Los años subsiguientes alentaban mi pretensión continua de tener un físico adecuado y saludable. En un viaje de retorno a mi querido Abancay en el 2005 simule uno de los tantos entrenamientos nocturnos afinados en Boston. La pasión por el atletismo fue transplantada a las calles de esa ciudad andina. Me sentí demasiado satisfecho, y un poquito extravagante, haber corrido por la Díaz Barcenas, Apurímac, Seoane, y Núñez repetidas veces. El año pasado, en diciembre del 2007, fije una meta más distanciada de la ciudad de Abancay. Comencé a correr del estadio el Olivo y termine en el grifo el “Piloto” en la carretera a Chalhuanca. Cuando pasé la entrada a Illanya asumí una postura de orgullo y no quise parar hasta colmar mi instinto competitivo.

El 2008 ha desembocado en mi un deseo tremendo en entrenar para correr mi primera maratón de 42.2 Km. El 6 de junio fue una fecha clave para alcanzar esa meta. Ese día acumule un poco más de 500 millas (~ 800 Km) de haber corrido este año en mis entrenamientos semanales en el gimnasio Power House. Esa cifra ha sido producida por un aparatito llamado Nike+ que calcula el tiempo, la distancia, y las calorías quemadas en cada entrenamiento. Estas 500 millas han aportado a mantener un peso adecuado y a tentar con una autoestima elevada, por no decir desbordada. Me siento demasiado a gusto con lo que soy y como soy sin desvanecer mis otras cualidades positivas. Mis 500 millas no serán un cumplido sin ostentar el propósito de mi esfuerzo y es el deseo personal de combatir la epidemia de la obesidad en el mundo.

Los(as) gorditos(as) tienen un deber personal de velar por el bienestar de cada uno de ellos(as). Reconozco que el esfuerzo de perder esos kilos de más son un tantito difícil, pero no imposible. Tú tienes el veredicto final de pensar que solamente tú puedes hacer que seas saludable, que puedes hacer que una autoestima abatida por los años de burla, zozobra, y desprecio sea parte de un pasado lejano, y que tú puedes decir, gordo, ¿yo? ¡A correr!

http://nikeplus.nike.com/nikeplus/v1/html/milestones/print_certif.html?id=1016978778®ion=us&language=en&locale=en_us&dateFormat=DD/MM/YY
Jun 26, 2008
11:10 PM


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